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El último capÃtulo acabó con la cuestión sobre el origen de los hombres superiores, los reyes filósofos o los herederos de la Tierra. Todos estos son los nombres con los que Confucio, Platón y Gülen nombran respectivamente a sus versiones del ser humano ideal que ha de liderar o influenciar a la sociedad si, como un todo, ha de ser buena y justa. ¿Dónde está esa gente? ¿Cómo los alcanzamos? ¿Dónde los encontramos? La respuesta, por supuesto, es obvia si no consoladora. Nosotros somos ellos, o tenemos que convertirnos en ellos. La meta de los tres sistemas es que toda la gente realice el ideal humano en sà mismos tanto como sea posible. La expresión «tanto como sea posible», sin embargo, reconoce que mucha gente, incluso la mayorÃa tal vez, no lograrán este elevado nivel de posibilidad humana. Tal y como hemos visto con anterioridad en el último capÃtulo, Confucio, Platón y Gülen marcan claramente la distinción entre los videntes y los ciegos, entre las masas de gente común que tienen una fijación con las realidades mundanas, y los pocos que buscan cosas elevadas. Por lo tanto, mientras que todos tienen el potencial de convertirse en gente ideal por su naturaleza humana e inherente, la mayorÃa no lo hará, o solo lo hará de modo parcial o por partes. |
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